Calvario y gloria de los Franco

Los Franco son víctimas de la inquina de los más. No hay parangón en la historia de una persecución tan obsesiva. Unos por acción, otros por omisión y no pocos cómplices de ambos, España mancha su historia con esta villania. Sólo unos pocos leales les defienden. Pues bien, por la cruz y el calvario hacia la gloria, no hay otro camino.

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Antes que nada precisar que de la familia del Caudillo, a nuestro parecer, Dña. Carmen fue siempre ejemplar, toda una señora; su hija también –sólo dos errores: creer que la ingente obra del Generalísimo se defendía por sí misma y el libro de memorias, esto último tal vez por la edad–; los nietos, excepto un par de excepciones, una pena, no pareciendo haber sido nunca conscientes de que si todos debemos conducirnos de forma que seamos dignos sucesores de nuestros antepasados, sobre todo de los más cercanos si fueron dignos seres humanos y españoles, ellos aún más por haber sido su abuelo quien fue, por eso, por no haber asumido durante muchos años tal responsabilidad, deber y honor nunca fueron santos de nuestra devoción, sino más bien lo contrario.

Dicho lo anterior, queremos hoy, y esperemos que ya para siempre, expresar nuestro sentido homenaje a todos ellos por estar demostrando hasta la saciedad que, en medio de la tribulación y de la adversidad, no sólo para ellos, sino también para España, demuestran saber estar a la altura de las circunstancias y ser dignos sucesores del Caudillo.

No conocemos un caso parecido en la historia de persecución tan sañuda, vesánica e injusta contra una familia por parte de prácticamente toda una nación; unos, por activa, la anti-España, esa conjunción de izquierda y secesionistas criminales, degenerados morales, totalitarios y demagogos; otros, por pasiva, esa no-España, la derecha y los liberales siempre cobardes, egoístas, descreídos, acomplejados y traidores.

También, todo hay que decirlo, los Franco son víctimas de la jerarquía católica y clero en general que los han abandonado, convirtiéndose en cómplices de todos los citados por hipócritas, fariseos, sepulcros blanqueados y tibios, cuando no heréticos, que por todo ello merecen ser vomitados, porque se comportan casi como los peores, porque teniendo la llave para impedir que tanto activos como pasivos alcancen su objetivo, han decidido lavarse la manos como Pilatos; y que no se equivoquen, el objetivo no es tanto profanar la sepultura del Generalísimo, como la destrucción de toda noción de Dios, de la Iglesia y de España.

La familia Franco está atravesando por un calvario indecible, inconcebible, demencial, producto del odio más oscuro y arraigado, sin razón ninguna, sino todo lo contrario, en aquellos que han convertido su vida en una porqueriza, de los que se hayan sumidos en un pozo de miseria y ruindad humana sin parangón, de los que forman el lumpen de nuestra sociedad y de los que renegando de sí mismos y de sus más heroicos y excelsos antepasados, se unen a ellos creyendo, falsamente, que de esa forma van a ser respetados.

Contra los Franco se está intentando todo: retorcer, vulnerar y conculcar las leyes, mover Roma con Santiago, expropiar sus propiedades incluso más sagradas como es la sepultura del Ferrol, desacreditarlos volcando sobre ellos toneladas de mentiras, se les quiere echar de España y del planeta, se pugna por hacerles desaparecer de la historia, se quiere borrar hasta la menor referencia de su apellido. Repetimos, no hay parangón.

Y no lo hay, porque lo que estamos viendo que se hace contra esta familia sólo puede tener explicación si reconocemos que su raíz es diabólica. Y es que no puede entenderse de otra forma, porque sólo el Mal puede odiar tanto y sólo lo puede hacer contra quien durante sus pasos por este mundo fue invicto paradigma de fidelidad a Cristo, a su Iglesia y a España; la verdadera, la única posible.

Por eso, y no por otros motivos, los hijos de la oscuridad persiguen a la familia del Caudillo de modo tan terrible, inaudito y con tanta fiereza. Por eso mismo también los Franco deben estar especialmente orgullosos, alegres y confiados.

Su calvario es en realidad una gracia del cielo, pues aunque sea difícil aceptarlo y comprenderlo, la cruz y el calvario son el único camino hacia la gloria; lo que bien supo el Caudillo que ofreció y quemó su vida en holocausto en defensa de Dios, de la Iglesia y de España.

Deben pues los Franco mantenerse firmes en la Fe, inasequibles al desaliento, impasible el ademán, unidos, serenos, decididos y valerosos y… ser inteligentes y, aún más, astutos, porque el enemigo es poderoso, pero Dios es omnipotente.

Este calvario es su gran batalla, su momento, herramienta para expiar sus culpas, deber y honor para dar ejemplo a los españoles de hoy y de mañana, para entrar en la historia como su excelso antepasado, para dejar constancia de la iniquidad, cobardía y traición de los demás. También para responder a los muchos que les apoyan y ayudan, que están con ellos, que dan la cara como mejor pueden; que buenos españoles los hay y habrá siempre.

Este calvario es su camino hacia la gloria. El que resiste gana. Con todo nuestro respeto y admiración.

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